Postmadridismo

Posted on 17 junio, 2015

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[Roberto G. Prada]
Finiquitados por este curso los temas deportivos, aún queda mucho que decir sobre el Real Madrid. Se podría hablar del despido de Ancelotti, de la previsible marcha de Casillas, del desprecio a la cantera y la desaparición de varias de sus categorías. Por qué no comentar los descartes de jugadores que triunfan  en sus nuevos destinos, o los mareos inmobiliarios entre el juzgado y la constructora. Cabría incluso analizar la rápida y profunda mutación que está sufriendo la afición del equipo, empujada por la desnaturalización de deporte y deportista y por las consignas populistas con que la directiva salpica la prensa afín.
 
Se podría hablar de cada uno de esos temas. Y de muchos más. Pequeños cambios de rumbo, ligeras modificaciones de comportamiento que por sí solas pueden ser poco representativas y que, sin embargo, reunidas todas juntas dibujan un panorama nunca antes conocido en el club. No es por economía, pues, que no se trate cada una de esas nefastas gestiones por separado. Es más un tema funcional. Necesitamos tenerlas todas a mano para ilustrar un cambio de paradigma que ya no es posible seguir disimulando. El postmadridismo está terminando de ver la luz en un largo parto que se inició con el siglo.
 
Que el fútbol –y su mercado y su negocio- evoluciona y poco tiene que ver con lo que antaño conocimos es una obviedad. Pero el cambio en el Real Madrid es de tal calado que en el camino se está dejando no sólo su identidad sino su propio factor humano. Del Bosque, Hierro, Raúl, Casillas, Ancelotti. Todos artífices de los títulos que más ansiaban su club. Todos defenestrados. Despojados deliberdamente, por decreto y sin posibilidad alguna de réplica, del cariño de la grada. Echados a los leones sin piedad, maniobras sibilinas de comunicación mediante. Sergio Ramos, el siguiente de la lista, no debería esperar una retirada digna y paulatina acorde con su rendimiento. No en el Bernabéu. Eso se terminó con Sanchís.
 
El nuevo paradigma postmadridista, en el que el club se ha arrebatado de las manos de los socios con la connivencia de todos los implicados, funciona a impulsos. Los que al nuevo rey le marca su valido. Con el gobierno absoluto del club, Pérez y Sánchez utilizan la marca y su dinero como trampolín para cualquier maniobra empresarial, escoltados por un aparato de propaganda deportiva que hoy lanza un globo sonda, mañana erige un monumento y pasado corre una cortina de humo. En este sistema, los entrenadores acceden a trabajar con las manos atadas, sabiendo que si la cosa sale mal serán la pantalla necesaria para mantener el nuevo régimen. Un régimen que decide quién juega dónde, sin que medie en ello argumento deportivo alguno.
 
Imaginemos a los madridistas de dentro de dos o tres décadas, rebuscando en el recuerdo algo a lo que aferrarse para remontar quién sabe qué eliminatoria. Seguramente para entonces apelarán a la grandeza de su club, al nombre de sus estrellas y al brillo de sus vitrinas. Pero ya no podrán apelar al espíritu de Juanito. Ni al de ningún otro jugador. Porque ninguno sabrá lo que eran los jugadores con espíritu. Porque ninguno recordará cuál era el espíritu de un jugador.
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Posted in: A TRALLÓN