Óscar De Marcos. Cuando el mejor del equipo ni es delantero ni es el mejor

Posted on 28 agosto, 2014

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[Roberto G. Prada]

Los mejores jugadores, los top-lo-que-sea de hoy, fueron en su día delanteros. Cualquiera que haya jugado al fútbol lo sabe. El bueno siempre se pone arriba. Sergio Ramos, hoy defensa, era delantero. Iniesta, hoy medio, era delantero. Neuer, hoy portero, era delantero. Cristiano, siempre delantero, era delantero. Uno puede tener vocación de lo que sea, que cuando es el mejor  siempre acaba jugando de delantero.

 
De Marcos es delantero. Lo dice su trayectoria desde juvenil. Lo dicen todos los análisis de la plantilla. Lo dicen los álbumes de cromos. Lo dice su número, el 10. Y, si es delantero, es porque es el mejor del equipo. Pero si uno pregunta a la afición comprobará con sorpresa que para ellos ni es delantero ni, por supuesto, es el mejor.
 
De Marcos no deslumbra, pero tiene una cosa que le hace especial. La misma cosa que nunca le hará despuntar en las portadas. La misma que le permitió jugar media hora con una herida en el escroto y, tras el descanso, otros 45 minutos con los veinticinco puntos que le habían dado para cerrarla. La misma que le ha llevado a cubrir todos los puestos en el campo menos el de portero.
 
Tres entrenadores de relumbrón lo han tenido a sus órdenes en el Athletic. Los tres lo han utilizado como comodín cuando veían que su equipo hacía aguas en algún frente. No presionamos la salida, pon a De Marcos de delantero. Nos entran por la banda, pon a De Marcos de lateral. No construimos juego, pon a De Marcos de medio. El jugador de quien nadie se acuerda, salvo los entrenadores. ¿Recuerdan  la eliminatoria contra el Manchester United? Todos hablan de Aduriz, Muniain, Gurpegi, Susaeta. Todos grandes, sin duda. Pero sin un De Marcos batiendo todo el campo de arriba  abajo la cosa no habría sido posible.
 
Personalmente De Marcos es lo mejor que me ha pasado en esto del fútbol. Porque cuando lo bajo a mi terreno, a nivel pachanga o liga de empresa, funciona como una alegoría perfecta. No me pidan argumentos lógicos a  las tantas de la mañana y  al calor de la clasificación para la Champions League. Es difícil ponerlo por escrito. En mi cabeza, sin embargo, es cristalino. De Marcos es el típico chaval al que cuando los que iban para estrellitas preguntaban retóricamente “venga va cómo jugamos”-esa manera tan suya de decir “yo me quedo de delantero, los malos haced lo que queráis”-, no decía nada y le tocaba jugar de lateral. Y mientras los otros ponían su poco esfuerzo en lucirse, él se dedicaba a jugar y ganar partidos. De Marcos es el que hace ganar al equipo, pero del que nadie se acuerda en las cañas de después. De Marcos no juega de delantero, juega de futbolista. Es la dignificación de la profesión en una época de ganduleo y gominismo. La llamada de atención que hace tanta falta desde hace tanto tiempo.
 
De Marcos, el delantero que juega de futbolista, es en definitiva el que te ha hecho ganar esas cañas. Al menos brinda por él.

De Marcos

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